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La Hilandera

admin 8 de marzo del 2013 Cuentos clasicos No hay comentarios

Hubo una vez un molinero que no tenía dinero y lo único que tenía en su vida era su hija, una niña muy hermosa.

La Hilandera

Un día, el rey llamó al molinero porque no le pagaron los impuestos, el hombre no tenía dinero así es que le dijo que tenía una hija que podía hacer hilo de oro con paja. El rey le pidió que la llevase y la metió en una habitación llena de paja, pidiéndole que cuando amaneciese hubiese convertido en oro toda esa paja, de lo contrario los castigaría.

La joven muchacha no sabía hilar, y mucho menos convertir la paja en oro. No obstante, se sentó frente a la rueca para intentarlo. Finalmente se echó a llorar.

Al rato entró un hombrecillo muy extraño y le pregunta la niña que porque lloraba, la niña le explicó lo que ocurría y el hombrecillo le preguntó qué que le daría si la hilaba él. La joven le ofreció su collar y el hombrecillo consideró que la suficiente.

Al día siguiente toda la paja se había convertido en hilo de oro, y al verlo el rey se dejó llevar por la codicia y querían más todavía. Metió a la chica en una habitación más grande y con más paja para que volviese a hacerlo.

De nuevo volvió a entrar el hombrecillo, en esta ocasión aceptó su anillo de oro para hilar la paja, pero al verla el rey su avaricia aumentó. Por ello la encerró en una torre llena de paja, y le dijo que si conseguía convertir toda la paja en oro se casaría con ella y la convertiría en reina.

Fue entonces cuando llegó de nuevo el hombrecillo, pero la muchacha ya no tenía nada que darle. Por ello, el hombrecillo le ofreció que cuando se casase le tenía que dar su primer hijo, y como no tenía otra salida, la muchacha aceptó.

Al día siguiente estaba todo otra vez lleno de oro, por lo que procedió a casarse con la muchacha. Un año después de la boda la reina tuvo su primera hija. La reina había olvidado el trato que había hecho con el hombrecillo, hasta que de repente apareció y le dijo que tenía que darle lo que le prometió.

La reina le ofreció todo tipo de tesoros para poder quedarse con su hija, pero el hombrecillo no los aceptó. Fue entonces cuando la reina se puso a llorar y el hombrecillo le dijo que le daba tres días para adivinar su nombre, y que si no lo conseguía se quedaría con la niña.

La reina hizo todo lo posible por adivinar su nombre, y creó una lista con todos los nombres que conocía, pero ninguno de ellos era el del hombrecillo.

Comenzó a buscar otros nombres más extraños pero tampoco coincidían, hasta que el tercer día, uno de los emisarios que fue enviado a buscar dichos nombres escuchó a un hombrecillo cantando “¡La reina perderá, pues mi nombre nunca sabrá. Soy el gran Rumpelstiltskin!“.

Esa misma noche la reina volvió a ver a duendecillo y repitió su nombre, por lo que el hombrecillo tuvo que desaparecer no sin antes enfadarse porque la reina lo había acertado.

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