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La Cenicienta

admin 22 de enero del 2013 Cuentos clasicos No hay comentarios

Érase una vez una joven verdaderamente bella que había perdido a sus padres, por lo que acabó con una madrastra.

 cenicienta

Esta mujer tenía dos hijas muy feas, pero la madre las mimaba y siempre cargaba a Cenicienta con todo el trabajo duro de la casa. Debido a esto, Cenicienta siempre se encontraba arrodillada en el suelo, llena de suciedad, cansada y con toda su ropa estropeada.

Además, no disponía de tiempo para poder realizar otras actividades. El hecho de que siempre fuese manchada de ceniza hizo a la gente del pueblo llamarla Cenicienta.

Un día el Rey del país anunció una gran fiesta en la que invitaba a todas las jóvenes que quisiesen casarse con él para elegir la más bella y convertirla en reina.

La madrastra preparó a sus dos hijas legítimas, con los mejores trajes y las arregló para que estuviesen guapas, mientras que a Cenicienta le prohibió asistir a la fiesta. Le ordenó que se quedase en casa fregando el suelo y preparando la cena para que cuando llegasen las tres todo estuviese ya hecho.

Cenicienta así lo hizo, y cuando vio partir a sus hermanastras en dirección a la fiesta del Palacio Real, no pudo evitar sentirse desgraciada y ponerse a llorar.

En esto que se le apareció su Hada Madrina, diciéndole que no tenía por qué preocuparse, que ella también iría al baile, pero con la condición de que cuando en el reloj de Palacio marcasen las doce de la noche, debería volver a casa.

El Hada tocó a Cenicienta con su varita y la convirtió en una joven fantástica, guapa y con una ropa impresionante.

Para poder llegar a la fiesta, convirtió una calabaza en carruaje, al cual subió Cenicienta con su destino claro. Al llegar a Palacio, todos se quedaron mirándola, y el rey, al ver su fantástica belleza, se acercó y decidió bailar toda la noche con ella. Nadie la había reconocido, ni tan siquiera sus hermanastras.

Al llegar las doce, sonó el reloj de Palacio y Cenicienta atravesó el salón corriendo, pero en su huida perdió uno de sus zapatos. El rey lo recogió con el objetivo de poder volver a encontrar a la joven.

Al día siguiente, el rey dijo que se casaría con la persona que pudiese calzarse ese zapato. Todos sus heraldos recorrieron el reino en busca de la mujer a la que pertenecía.

Finalmente llegaron a Casa de la madrastra de Cenicienta. Sus hermanas no pudieron calzarse el zapato, pero cuando llegó Cenicienta, vieron que le quedaba perfecto.

El rey decidió casarse con ella y a partir de entonces fueron felices juntos.

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