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El Gigante Egoista

admin 16 de marzo del 2013 Cuentos clasicos No hay comentarios

Cuando los pequeños salían de la escuela siempre iban a jugar al jardín del gigante. Se trataba de un jardín muy grande y hermoso lleno de césped y con muchas y muy bonitas flores.

El Gigante Egoista

Pero un día el gigante volvió ya que se encontraba de viaje, y al llegar vio a los niños en el jardín. Les llamó la atención por jugar allí y los niños salieron corriendo. Mientras se marchaban les gritaba que nunca más volviesen.

Debido a esto, los pequeños se quedaron sin un lugar donde jugar. Intentaron jugar en la carretera pero está muy llena de polvo y piedras, así que no podían jugar bien. Por ello, finalmente acabaron vagando y cada día se subían al muro para poder ver el bonito jardín donde jugaban.

Finalmente llegó la primavera, pero no lo hizo en el jardín del gigante, ya que los pájaros ya no cantaban allí desde que los niños se fueron, y los árboles dejaron de florecer. Tan sólo nació una bonita flor pero al ver que no estaban los niños finalmente acabó durmiéndose. Todo estaba lleno de nieve y hielo. Poco a poco el tiempo fue empeorando aumentando los vientos helados y el granizo. El gigante no entendía qué era lo que pasaba hasta que un día comenzó a escuchar una dulce melodía y pensó que sería el rey que pasaba por allí con sus músicos. Finalmente se dio cuenta de que tan sólo era un pequeño jilguero que estaba en su ventana, y el gigante pensó que ya había llegado la primavera.

Al asomarse por la ventana pudo ver que los niños habían vuelto a entrar en el jardín, y que todos los árboles y animales volvían de nuevo a estar por el lugar. Tan sólo quedaba un pequeño rincón helado donde se encontraba un árbol, y debajo de él un niño intentaba subir pero no podía porque era muy pequeño. En este momento fue cuando el gigante se dio cuenta de que el invierno no se había marchado porque había echado los niños.

Por ello bajó de nuevo al jardín, pero al verlo los niños huyeron con lo que el jardín volvió a llenarse de hielo. No obstante, el niño pequeño no se escapó, así es que el gigante se dirigió a él y lo subió al árbol. En ese mismo instante de nuevo regresó la primavera al jardín del gigante, por lo que decidió derribar el muro e invitar a los niños para que siempre jugasen en su jardín.

No obstante, el gigante seguía triste porque hacía tiempo que no veía al niño al que subió al árbol. Con el tiempo cada vez se fue volviendo más triste hasta que un día se asomó y pudo ver al pequeño en el árbol. Corrió hacia él para abrazarlo pero lo vio lleno de heridas; se enfadó mucho y quiso saber quién se las había hecho para matarlo. Fue en ese momento cuando el niño le dijo que no tenía que preocuparse, que ahora lo que haría sería invitarlo a su jardín, al Paraíso. Al día siguiente llegaron el resto de niños a jugar en el jardín y se encontraron al gigante tendido en el suelo porque había fallecido, pero su cuerpo estaba cubierto de capullos blancos.

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