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Caperucita Roja

admin 18 de enero del 2013 Cuentos clasicos No hay comentarios

Hubo una vez una niña muy buena y muy bonita a la que su madre había hecho una capa de color rojo. Le gustaba tanto que la llevaba puesta todo el día allá donde fuese y de ahí que la empezaron a llamar Caperucita Roja.

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Una mañana su madre le pidió que fuese a visitar a su abuela que se encontraba en el otro lado del bosque y le llevase unos pasteles porque se encontraba enferma. Antes de marchar Caperucita Roja a la casa de su abuelita, su madre le dijo que no se entretuviese y que tuviese cuidado por el camino ya que había un lobo que le podía atacar.

Caperucita contenta y sin miedo emprendió su marcha para ver a su abuelita. En el camino se encontró con el lobo que le preguntó que a dónde iba.

  • A casa de mi abuelita – le contestó Caperucita.

A todo esto que el lobo siguió su camino, por lo que Caperucita dejó de preocuparse y fue recogiendo flores de camino a su destino para llevárselas a su abuelita y darle una alegría.

Mientras tanto, el lobo se adelantó y llegó a la casa de la abuela. La abuela le abrió pensando que era su nieta. A esto que el lobo devoró a la abuelita y se puso su ropa para meterse en la cama y que Caperucita pensase que era su abuelita.

Al llegar la niña entró y vio a la abuela en la cama, pero algo le hacía dudar. Entonces preguntó:

  • Abuelita, abuelita, que ojos más grandes tiene.
  • Son para verte mejor – contestó el lobo.
  • Abuelita, abuelita, que orejas más grandes tienes.
  • Son para oírte mejor.
  • Abuelita, abuelita, qué dientes más grandes tienes

Y de repente el lobo saltó diciéndole:

  • ¡¡¡Son para comerte mejor!!!

Pero en esto que entró un cazador que se encontraba por la zona y vio al lobo durmiendo en la cama. Con un cuchillo rajó el vientre del lobo para sacar a Caperucita y a su abuelita y en su lugar rellenó el vientre del lobo con piedras.

Al despertar, el lobo tenía tanta sed que se dirigió al río, pero como las piedras pesaban tanto, acabó hundiéndose y se ahogó.

Caperucita y la abuelita se encontraban bien, pero Caperucita Roja aprendió la lección y le prometió a su abuelita que nunca más hablaría con ningún desconocido.

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